Escritor, Artista Digital, Ingeniero Electricista y Abogado, consultor en materia de regulación de servicios públicos y escritor ocasional de artículos de prensa, cuentos y poemas.
martes, febrero 07, 2006
Las palabras... las palabras...
Simón Saturno
Febrero 07, 2006
viernes, enero 20, 2006
Rebelión antigermánica
Pero sea lo que sea, uno se queda mirando el horizonte lejano y entonces la jeva o el presidente o el jefe de Recursos Humanos se quedan viéndolo a uno como diciendo sejuela y chao chama o chao chamba, y como yo no sólo no quiero sino que no me puedo permitir un no más, sea de jeva o de contacto para empleo, le pico adelante al alemán, Alois se llama el tipo pero ya no le digo así porque está bien que se la aplique a otro, o ni tan bien, pero que venga a aplicarme a mí su frotadera intracerebral sinápsicofulminante, ¡qué va!. Así que de ahora en adelante, y espero que tomen nota porque no lo voy a repetir porque no podré, de ahora en adelante el pasado es pasado y no me pidan que recuerde porque me niego: Que si hice o no hice, que si dije o no dije, que si oí o no oí, que si sentí o no sentí, que si hiciste dijiste oíste sentiste o no; que si firmé o no, que si voté o no, que si soy chavista u oligarca o todo lo contrario, que si me despidieron o no, que si me pagaron mis prestaciones o no, que si desde entonces estoy pelando o no; nada de eso será conmigo. Y si se les ocurre presentarme una jeva para ver si por fin siento cabeza, por favor adviértanle antes que conmigo no va lo de preguntarme sobre lo que fue antes de ella porque será como si yo hubiera nacido el día en que la conocí, y que si no le gusta un tipo para el que lo único que hay es el presente y lo que haya de cierto en el futuro cuando venga, porque tampoco lo recuerda, pues que ni lo intente, aunque si lo intenta no tendrá que preocuparse de que yo comente el asunto de su fracaso porque todo quedará entre ella y ella porque yo no recordaré ni pizca; y si me van a recomendar para un empleo le dicen al contacto que se conforme con leer el currículo y que no me pregunte sobre tal o cual trabajo porque ni cara de mirar al horizonte lejano voy a poner sino que voy a contestarle que dónde está mi escritorio y si me van a dar laptop, pero será por contestarle cualquier cosa porque no voy a recordar su respuesta y será mejor que me dé el empleo porque si no me lo da no voy a recordarlo y me presentaré igual al día siguiente preguntando a la recepcionista que cuál es mi escritorio y si me van a dar laptop y que qué vas a hacer ahorita, preciosa recepcionista, porque lo que vas a hacer a la salida del trabajo no lo voy a recordar, y capaz que se va ella para el bar de la esquina a cuenta de hora feliz a pedir como loca tragos dobles contando con que yo voy a encontrarme con ella y a pagar, y yo lejos de ahí en el primer carrito que pasó por mi lado porque ni me acuerdo pa’ dónde voy.
Y aquí termino porque desde ya empieza mi rebelión antigermánica y ya no me acuerdo por qué empecé a escribir ni de quién es esta computadora ni para quién era el mensaje ni por qué es antigermánica mi rebelión porque que yo sepa los alemanes son de lo más simpáticos, sobre todo cuando están de vacaciones y se fajan a beber cerveza como teutones, pero que no me hablen porque lo único que sé de alemán es liebefraumilch y no porque mi mamá haya sido alemana, que yo recuerde, sino porque… porque...
Simón Saturno
Enero 21, 2006
miércoles, enero 18, 2006
Por ahora no me muero
Pero la tecnología de ensayos no destructivos ha ido evolucionando muy rápidamente: que si rayos x o rayos gamma, que si tomografías axiales computarizadas, que si ecosonogramas y termografías y quién sabe cuántas pruebas más para el examen en vivo y directo de los vivos, valga la repitencia; sin contar las que sirven para examinar el aura, el iris, los chakras, los canales energéticos y la reflexología que ve todo lo de adentro en los pies y en las manos y en las orejas, o la iridiología, que es más que ver el espejo del alma, y no te cuento de los que leen la borra del café, con poco que hacer en estos días por la manía gubernamental de estar regulando el precio del café sin contar con que vender café es el negocio de algunos, y los que leen las cartas -astrales o del Tarot o españolas- y total que ahora no hay que morirse para saber de qué se murió uno, sino que te lo dicen meses antes, si es que la cuenta no te adelanta el momento, y tu descomposición interna te la detallan al pelo antes de la muerte y descomposición final y total, de tal suerte que los cadáveres ya sólo sirven para que los químicos y biólogos estudien los procesos de putrefacción y ni para eso porque ahora hay modelos computarizados que te lo muestran sin necesidad de ensuciarte las manos de muertos y sin olerlos y mucho menos verlos, y ahora nadie quiere cadáveres ni regalados. Y dudo que durante este siglo la gente logre aceptar que es preferible y mejor espectáculo, incluso para los adultos, dar los cadáveres humanos al tigre de El Pinar y demás congéneres felinos para que descarguen la locura que les invade por estar encerrados en esas jaulitas de cemento y rejas de tres por dos, que la descarguen sobre un humano aunque ya no sea ser sino estar tieso. Y ya para entonces las cremaciones serán más costosas que los entierros porque los terrenos de camposantos estarán totalmente invadidos porque ahí no se veía a nadie sino las bases para montar los ranchos, y además la gente pagará para no tener que estar ocupándose de mantener tumbas y evitar invasiones, sin cargos de conciencia por no pararle al mantenimiento y la vigilancia luego de un par de años, por lo que a quien le toque le tocará decidir si me entierran o me queman y en ambos casos mi cuerpo no servirá ni para abono de matas, ya sea porque se pudre en una caja que será de plástico imitación de madera a la que no le entra ni coquito, o porque las cenizas del cuerpo cremado casi son puro calcio que a las matas tampoco les hace ni coquito.
Pero ya en el siglo XXII nuestros cuerpos serán una amalgama indisoluble e imputrefactible de carne, plásticos, silicones, aceros al carbono y metales raros y cerámicas, y nanomotores, chips y órganos electromecánicos y electroorgánicos en miniatura, que a La Pelona la dejarán sin empleo y tendrá que sumarse a las colas de la Misión Róbinson y le saldrán várices como a cualquier madre del soberano y tendrá que irse al módulo de Barrio Adentro a que le implanten par de pantorrillas de aleación de cobalto y plástico con cobertura de piel sintética igualitas a las de Britney Spears, y el médico cubano le recomendará que deje de cargar esa guadaña pa’ arriba y pa’ abajo porque esa vaina pesa mucho y la próxima vez las pantorrillas serán de plástico imitación de palo porque tampoco es que hay pa’ tanto en la revolución, y además ya nadie se muere en este mundo mientras haya plástico y ése no se acaba porque lo reciclamos una y mil veces.
Y el siglo este me parece perdido y no me voy a morir en él porque a estas alturas del XXI estamos echando pa’ atrás porque hay un poco ‘e locos salidos de las profundidades de la ignorancia en que los metió otro poco ‘e locos que no parecían que lo fueran, ignorantes digo, y que se hicieron los suecos durante siglos, con el perdón de los suecos porque no es con ellos o a lo mejor sí, y se hicieron los sordos para no escuchar los lamentos, los ciegos para no ver los lamentos y los locos para no entender los lamentos, y ahora que el poco ‘e locos salido de las profundidades de la ignorancia, los primeros porque los segundos aún no salen, vienen con ganas de invertir las cosas, revolucionarlas como dicen, y lo que hacen es echar pa’ atrás como el cangrejo o como para coger impulso, ojalá pero ¡cognus! ni que fueran a saltar el hueco del viaducto, que es un hueco que no salta nadie porque es más un hueco moral ético vergonzoso que un hueco físico, y los huecos morales son dificilísimos de saltar porque las luces son inmensas, o la falta de luces; lo cierto es que lo del retroceso no es nada más un hecho local producto del realismo mágico, sino que es una pandemia que está contagiando a todo el mundo como influenza aviar, que si a ver vamos influencia cada vez más a cada vez más gente, y si no fuera porque los océanos están llenos de porquerías que lanzan los aviones y los barcos y las ciudades y los ríos que vienen de las ciudades y de los parques industriales que lo que menos tienen es de parques, si no fuera por toda esa porquería ya el mundo se estaría hundiendo, y pa`que se hunda el mundo el espacio tiene que curvarse para que quepan todos y la verdad es que ponernos de acuerdo para que quepamos todos en algo, por más que ese algo sea morcilla, como dice la suegra de mi hermano, nos va a tomar este siglo completito, y morirse en él será una redundancia.
Simón Saturno
Enero 18, 2006
jueves, enero 12, 2006
Desarrollo endógeno planificado*
¿Qué querías, Manuel? ¿Que se pusieran en CADAFE a analizar las chorrocientas carpetas de empresas y cooperativas venezolanas que pueden hacer el trabajo de construir las subestaciones y líneas que hacen falta en Falcón? Nada de eso, Peloponeso. Yo me imagino que el día en que se presentó la emergencia en Falcón, porque seguramente fue de un día para otro el asunto, el que tomó la decisión agarró el primer folleto de empresa de proyectos llave en mano que había sobre su escritorio, buscó el número de teléfono y lo marcó, sin ponerse a ver si el chorro de números era porque era un empresa de España o de Barinas, porque en Barinas, como en cualquier estado de Venezuela, hay la cooperativa que juega garrote capaz de hacer no te digo subestaciones para Falcón, sino puentes sobre el Orinoco y refinerías para Bolivia y limpiezas de las quebradas del Bronx y todo lo que se te ocurra, pero la emergencia de Falcón no era como para estar pidiendo ofertas y evaluando y que si tráeme los currículos de los que manejan las máquinas de soldar porque no los metiste, o se te olvidaron los estados financieros auditados de los últimos tres años y ahora tengo que explicarte qué es eso de un estado financiero y claro, como la cooperativa se creó hace apenas cuatro años y todavía no le han dado un trabajito, qué estado financiero ni que estado financiero, estado financiero caótico es lo único que tenemos, dirá el Tesorero de la Cooperativa, que es el mismo Presidente y Vicepresidente y Director y Gerente de Recursos Humanos y no es secretaria también porque ese trabajo lo está haciendo la jeva.
Así que, Manuel, no te quejes y manda a imprimir folletos para llenar los escritorios de los tomadores de decisión. Es una cuestión de marketing y de estar donde hay que estar cuando hay que estarlo. Recuerda poner en el folleto que tú no haces un trabajo de ésos sin llevar al cliente a la fábrica donde hacen los transformadores de corriente y los switchgears y los teléfonos celulares, porque está bien que haya emergencia, pero tampoco va uno a tomar decisiones de instalar equipos sin que el cliente compruebe que eso es lo que quiere porque lo primero es el cliente y no lo puedes llevar a Valencia, Carabobo, ni a Mérida, Mérida, ni a San Francisco, Yare, ni a San Antonio, Táchira, sino a Valencia, España, o a Mérida, México o España, o a San Francisco, California, o a San Antonio, Texas, porque ahí es donde se fabrica lo que hay que ver.
Y no te pongas, Manuel, a estar regando especies como la de que no se está considerando a las empresas de ingeniería nacional, porque ésas las tenemos reservadas para los proyectos que están en el Plan de Desarrollo del Servicio Eléctrico Nacional, que por el momento se mantiene en secreto porque todavía no cuadran las cifras de demanda con las de oferta de gas y con las de las cooperativas eólicas y las de geotermia, porque no me vas a negar que si hay aguas termales es porque debajo del territorio nacional la cosa está que arde, como por encima, y a eso se le puede sacar el jugo, digo a lo que está por debajo, y los planes tienen que hacerse bien porque si no vienen a decir que uno es un improvisado porque se puso a hacer un plan donde hay un cerro de proyectos de generación con gas sin que haya gas, y no es nada fácil hacer un plan de ésos pensando que todo el mundo va a tener electricidad aunque no la pague porque podrás morirte de hambre o de enfermedad pero no a oscuras.
Simón Saturno G.
Enero 12, 2006
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* Respuesta a Manuel, que después de citar la noticia de que "Iberinco, filial de ingeniería y construcción del conglomerado eléctrico español Iberdrola, se adjudicó un contrato de 79,4 millones de dólares para reforzar la infraestructura eléctrica en Venezuela, específicamente de Falcón" (El Universal, Caracas, enero 12, 2006), expresa: “Como si no hubiera empresas venezolanas para hacer este trabajo... ¡Viva el desarrollo endógeno...!”.
martes, enero 10, 2006
¡Tenemos que hacer algo!
Y en eso pensaba cuando le iba a responder a mi amigo que me preguntaba si era verdad lo que sucedía aquí, y entonces me dije para mis adentros como ahora lo digo para mis afueras con este mensaje, que hay que hacer algo, y cuando yo digo hacer algo es poniéndome la nariz roja y aquí está el payaso o Rodolfo el reno, que es lo mismo que del dicho al hecho, y agarré y le escribí a mi amigo como cuando le escribí en otras ocasiones cuando me preguntó sobre el deslave de Vargas y sobre el CNE unicolor y sobre la Asamblea Nacional unicolor y sobre el TSJ unicolor y sobre los juicios por delitos inexistentes y sobre los militares hablando de política y sobre el avión presidencial y las comitivas de cien personas cuando el comandante sale a regalar millones de dólares a otros países para reírse de cómo bajan la cabeza y genuflexan los políticos cuando hay millones de dólares de por medio, y sobre la lista de Gascón y la de Maisanta y sobre los médicos cubanos que ni gafos que fueran pa' no venirse y no quedarse y andar ahora vendiendo seguros porque ganan más y no viven en un barrio donde no se ven sino enfermos que no dan propinas ni comisiones, y sobre los bachilleres integrales que no ven inglés porque es lenguaje del imperialismo y después se van a Cuba a estudiar medicina integral que es medicina sin leer libros en inglés porque eso es medicina imperialista y mejor son los libros de medicina natural en cubano.
Y en eso estaba y ahí sí es verdad que me dije hay que hacer algo y por eso les escribo para que hagamos algo y es que hagan como hice con mi amigo, que cuando me preguntó si era verdad lo del viaducto me hice el José Vicente Cabello o el Diosdado Rangel y le dije que nada de eso era verdad, que eran vapores de la fantasía, son ficciones que a veces dan a lo inaccesible una proximidad de lejanía, son inventos de los medios de comunicación, una campaña mediática que llegó hasta allá donde tú estás, amigo mío, porque nada de eso está ocurriendo y tampoco era verdad cuando te dije que sí era verdad lo de los unicolores aquellos y lo de los cubanos ¿te acuerdas que me preguntastessss? pues no era verdad tampoco, y aquí no ha pasado nada y aquí todo está bien, no como para que te vengas, amigo mío, porque es como en todo el mundo menos en China, porque aquí no hay casi crecimiento como en muchos países del mundo menos en China, que es comunista con McDonalds y Cocacola y Adidas y fórmula 1 y Miss China y Mis Hong Kong, así que no te vengas, yo te aviso cuando todo esté mejorando, pero tampoco estamos tan mal como para que no nos tomemos una taza de café de vez en cuando (si lo consigo, pensé yo, y ahora menos sin el viaducto) y no te sigas creyendo todas esas barbaridades que inventan los periódicos para vender, que claro que el gobierno es malo, como todos los gobiernos del mundo menos el de Suecia pero quién se va a ir para ese frío y claro, si lo suecos no salen de su casa porque se congelan y cuando salen es a zambullirse en un hueco en el hielo y salen corriendo pa'l sauna, qué sueco va a estar hablando mal del gobierno y si hablan es poquito porque todos se desnudan en el sauna, los amigos, la familia, los visitantes y hasta el desconocido que pasaba por ahí, todos en pelotas en el sauna, quién carrizo va a estar hablando mal del gobierno u ocupándose de si el gobierno es bueno o es malo.
Así que amigos, hagan algo: cuando les hablen o les pregunten del viaducto o de los supuestos desmanes del comandante o de sus ministros yesmén o de los jueces del TSJ yesmén o de los miembros del CNE yesmén o de los militares yesmén y de los empresarios yesmén, se hacen los suecos y se meten en el sauna. ¡Ya basta de no hacer nada!
Simón.
Enero 08, 2006
jueves, septiembre 08, 2005
El Síndrome de Saturno
En el futuro seré recordado, excepto por los que padecen el del alemán, por el descubrimiento de este síndrome que llevará, en justicia, mi nombre, que es mi apellido, aclaratoria que viene al punto en vista de la frecuencia con que me hacen desparecer mi apellido por parecer nombre, dejando solo al segundo, no menos meritorio: Galdona. Y no propongo como nombre “el síndrome de Saturno Galdona” porque pasará como a Alois: nadie sabe que el alemán se llamaba así, por lo que en poco tiempo, ya lo veo, a los profesores de las cátedras de medicina patológica y neurológica hablando del “Síndrome de Galdona”.
El Síndrome de Saturno está tan extendido en la humanidad que se ha llegado a pensar que es una característica inherente a los individuos de esta especie. Son en realidad tan pocos quienes no lo padecen, que son considerados como especimenes raros y hasta dignos de estudio por quienes lo sufren... y esta expresión -“lo sufren”- puede parecer exagerada para éstos, por el simple hecho de que desconocen el bienestar de no ser una de sus víctimas. Mis investigaciones me conducen a afirmar que el Síndrome de Saturno se transmite genéticamente y se manifiesta en la mayoría de los casos desde muy temprana edad. También puede transmitirse por contagio social, inducido mediante mensajes subliminales tendientes a reprimir las manifestaciones tempranas de su ausencia, con argumentos de menosprecio hacia las expresiones de no padecerlo. El síntoma que principalmente caracteriza al Síndrome de Saturno es la pérdida de memoria de los acontecimientos futuros: el paciente es incapaz de traer a su mente hasta el más insignificante e inmediato hecho posterior de su vida. Acompañan a este síntoma principal muchos otros, entre los cuales pueden citarse por su importancia, la irresponsabilidad por los hechos por cometer, insensibilidad ante las consecuencias de los acontecimientos por suceder, indiferencia ante los acontecimientos futuros que implican daños físicos importantes para el propio paciente, imprudencia, escepticismo y tendencia dejar en manos de terceros las decisiones sobre la propia vida, lo que constituye al Síndrome de Saturno en unas de las neurosis más peligrosas y autodestructivas jamás vistas. En numerosos casos se producen en los pacientes afectados del síndrome algunas manifestaciones efímeras de curación, comúnmente identificadas mediante términos como “dejà-vu”, “yo-sabía” o “te-lo-dije”.
Un análisis comparativo realizado en Venezuela en un universo de cerca de veinticinco millones de individuos afectados por el síndrome -lo que constituye a este estudio en uno de los más extensos jamás llevados por la ciencia médica en la historia de la humanidad- con un grupo de control constituido por cuatro individuos -un grupo extremadamente reducido, dadas las dificultades para localizar individuos no afectados- permitió identificar algunos comportamientos típicos de los individuos sanos, que pierden las víctimas del síndrome estudiado. Citemos algunos:
- Capacidad para la toma de decisiones acertadas y total desinterés en los procesos de decisión de grupos en los que el resultado será contrario a la decisión acertada, y en procesos en los que la decisión es producto de procedimientos llamados “aleatorios”.
- Claridad de objetivos de vida y resistencia a la permanencia en sistemas en los que la consecución de tales objetivos es impedida.
- Como consecuencia de los anteriores: El aprovechamiento eficiente de las oportunidades de mejora y, por lo tanto, el éxito social y económico; y la prevención de enfermedades y de situaciones susceptibles de causarlas y, de ahí, mejor salud.
- Actitud serena y previsiva ante la muerte: ninguno de los individuos del grupo de control tenía contratada una póliza de vida o de salud. Interrogados al respecto declararon tener fortuna suficiente para no requerirla, además de esgrimir argumentos éticos en contra.
- Desapego hacia los bienes materiales.
- Honestidad y alto sentido ético.
- Anarquía.
- Destinismo activo.
En los individuos afectados por el Síndrome de Saturno se detectan comportamientos grupales altamente negativos, basados en la falta de los recuerdos de los acontecimientos futuros, que conducen a decisiones de grupo del todo inconvenientes para su desarrollo, sobre todo en cuanto a selección de gobernantes o de personas en las que depositan las decisiones sobre su propia vida.
Hasta ahora no se han identificado medicamentos para la cura del Síndrome de Saturno. La investigación se ve seriamente dificultada por la escasez de individuos no afectados. Sin embargo, existen tratamientos que conducen a desarrollar aptitudes paliativas. Se ha demostrado que el estudio de disciplinas y ciencias abstractas como la matemática, la filosofía, la música clásica y las artes visuales abstractas, y la aplicación de procedimientos de la psicología positiva pueden conducir al desarrollo de capacidades deductivas que si bien no se equiparan al estado de ausencia del síndrome, pueden aminorar los efectos negativos de su padecimiento.
lunes, junio 20, 2005
Chávez, el Maestro
Me ha costado aceptar que Chávez sea mi maestro y maestro de Venezuela, de Sudamérica, de Latinoamérica y hasta del mundo. Creo que los acontecimientos mundiales, incluyendo el terrorismo, la inseguridad, las rebeliones, las protestas, la inestabilidad de los gobiernos latinoamericanos y el surgimiento de líderes populistas, demagogos y autoritarios, no son sino la demostración de que el mundo necesita de mayor solidaridad y que el desarrollo y enriquecimiento de unos –países, corporaciones, empresas o personas- no puede hacerse por mucho tiempo a espaldas de los otros; que tarde o temprano la opulencia de unos pocos ante la miseria de muchos se vuelve insoportable y los que la sufren se rebelan ante los sistemas y las leyes que han conducido a esa situación, y ante los hombres que han contribuido, con su acción u omisión, a consolidar esos regímenes de desigualdad, generalmente sustentados en bajos niveles de instrucción de la población, por lo que ésta es fácil presa de las promesas y de la ilusión que crean aquellos nuevos líderes, rodeados por lo general de oportunistas y chupamedias que harán hasta lo imposible por mantener al líder en desconocimiento de la vacuidad de sus argumentos, de la ineficacia de sus decisiones y de la realidad del país, y esto en el supuesto de que el líder tenga buenas intenciones.
Imaginemos por un momento que Chávez es derrocado el día de mañana. ¿Hemos aprendido la lección de por qué ese individuo llegó al poder? ¿Estamos dispuestos a sacrificar parte de nuestro bienestar para que la mayoría de la población en situación de pobreza tenga mejores condiciones de vida? Yo creo que todavía no hemos aprendido la lección. Seguimos pensando que la inmensa proporción de población en estado de pobreza es producto de la decisión de esta gente y no de un sistema político, económico y social que agrava, o en el mejor de los casos conserva, cada día esa situación, y que debe ser corregido para enrumbarlo en la dirección necesaria para distribuir mejor la riqueza. Y eso significa, en algunos casos, por más que moleste la idea, continuar algunas de las “misiones” creadas o reforzadas por este gobierno, de manera de mejorar el ingreso de las clases más pobres, mientras se logra fortalecer la alimentación, la salud y la educación, para crear individuos con las armas intelectuales necesarias para valerse por sí mismos y para contribuir a la generación de riqueza, y no para seguir siendo dependientes de las limosnas del gobierno o de la “inversión social” de las empresas. Y esto a su vez significa que quienes hoy en día disfrutan de la riqueza que les proporcionó aquel sistema, deban pagar más impuestos -sobre su renta y sobre su patrimonio- para que haya más posibilidades de que la riqueza llegue a las clases más pobres; y que todos aceptemos cumplir las reglas y no utilizar los caminos verdes y los atajos de la corrupción para lograr nuestros propósitos particulares. ¿Estamos dispuestos a ello?
Mientras la respuesta sincera sea un “no”, debemos estar dispuestos a aceptar que Chávez o uno como él gane las próximas elecciones; que el que le suceda gane ofreciendo “misiones” todavía menos sustentables y continúe llevando al país por el despeñadero, hacia la situación de quiebra financiera que nos obligará a vender a precio de gallina flaca al capital extranjero todas las empresas del Estado o a cerrarlas; y que los regímenes que nazcan o se preserven luego de esas elecciones sean cada vez más autoritarios y férreos. Y corremos el peligro de que tardemos tanto en aprender la lección, que olvidemos que debíamos aprenderla o muramos sin haberla aprendido, y que nuestros hijos y nietos se olviden de que las soluciones que anulan la creatividad, el ansia de superación y la libertad de cada individuo, en aras de una supuesta igualdad de todos, ya han sido probadas y desechadas, y se conviertan en defensores inconscientes de un sistema que sólo ofrece una ínfima calidad de vida igual para todos, excepto para los encargados de asegurarla y de acallar las voces de quienes osen hablar a favor de otras soluciones.
Contemos cuántos años nos costó crear este sistema de cosas. Invertir la situación nos tomará con suerte otros tantos, pues son mucho más serios los problemas y mucho mayor la población involucrada. Sí, nos tomará otros tantos años, pero contados a partir del momento en que nuestra respuesta sincera a la pregunta de si aprendimos la lección de Chávez, el Maestro, sea “sí”.
martes, junio 14, 2005
Deselectrizante ignorancia ministerial
Desde el 25 de noviembre de 2003 entraron en vigencia las Normas de Calidad del Servicio de Distribución de Electricidad, que establecen los parámetros para medir la calidad del servicio, los límites permisibles y las penalizaciones por infringir esos límites, además de los necesarios lapsos de transición para que las empresas adapten sus sistemas a las nuevas exigencias. Las tarifas se establecen para una empresa modelo que presta un servicio que cumple los límites de calidad y, en caso de que una empresa distribuidora incumpla los mínimos de calidad, se aplican las multas. Los límites de calidad se fijan de acuerdo con la realidad existente, de manera de no llevar a la quiebra a las empresas por la aplicación masiva de penalizaciones, sin disminuir los montos y prescindir del carácter disuasivo de la penalización, de manera de estimular las inversiones para el mejoramiento de la calidad del servicio. Los límites de calidad del servicio se ajustan periódicamente, con cada pliego tarifario, de manera de ir adaptándolos a la situación real y propender a una cada vez mejor calidad.
Si hay algo a lo que los usuarios se acostumbran con rapidez es a la buena calidad de un servicio, de manera que siempre exigen más calidad. Por eso, sujetar la fijación de tarifas que cubran los costos del servicio al cumplimiento de niveles de calidad es montarse en una espiral interminable, en la que la calidad esperada nunca es alcanzada y, por lo tanto, las tarifas nunca son corregidas.
Una vez más un Ministro de Energía, ignorante de la materia regulatoria, cae en ese error, y nada menos que en el acto en que un inversionista inicia la construcción de una planta con la esperanza de recuperar esa inversión a través de las tarifas. ¡Qué feo!
miércoles, mayo 18, 2005
Zapatero a sus zapatos… lo barato sale caro
Las declaraciones del Ministro ratifican un rasgo del gobierno de Hugo Chávez, que no es sino una rémora de gobiernos anteriores: el menosprecio de la sabiduría popular condensada en los refranes “zapatero a sus zapatos” y “lo barato sale caro”. Lo mismo ocurre con otras iniciativas en las que el gobierno, en lugar de asumir su papel de regulador y poner las reglas para que la gente haga las cosas de la mejor manera, compitiendo por producir mejores bienes o prestar mejores servicios a menores precios, se convierte en empresario y esgrime el lema de los menores costos porque no considera todos aquéllos en que verdaderamente incurre el aparato gubernamental para realizar actividades empresariales, sin contar el costo que significa que quienes realmente saben cómo hacer las cosas, se quedan sin poder hacerlas y tienen que dedicarse a lo que no saben hacer. El resultado es una mayor ineficiencia generalizada en la sociedad y en el gobierno y la pérdida de la experticia ganada tras años de estudio, práctica y especialización, en ambos ámbitos.
En el caso de la vía alterna a La Guaira se gastarán con seguridad los veinticinco millardos y en el informe anual del Ministro, si por suerte es presentado, aparecerá la obra, si la terminan, como una obra de bajo costo, mientras que en los asientos contables del Ministerio, si se hacen, aparecerán los correspondientes a la nómina de los trabajadores que intervinieron en el diseño, la ejecución, la administración y la inspección, y los gastos de publicidad, los de expropiaciones, entre otros, como si no fueran parte de aquellos costos. Y en los cuadros y gráficos del Instituto Nacional de Estadística y de la Cámara de la Construcción seguirán apareciendo altas cifras de desempleo.
Otro ejemplo del que el gobierno hace alarde, en especial el propio presidente, es el de Mercal. Una buena parte de la Fuerza Armada es utilizada para sustituir a transportistas y distribuidores de alimentos: desde generales hasta soldados actúan como vendedores, cajeros, vigilantes, choferes, cargadores, administradores, supervisores, planificadores, controladores, transcriptores, contadores, analistas, secretarios, mensajeros, sus correspondientes femeninos y pare usted de contar. Las instalaciones y equipos de la Fuerza Armada son utilizados para comprar, transportar, almacenar, distribuir, vender, desempaquetar, empaquetar, pesar, contar, marcar, clasificar, calcular, rotular y con seguridad una larga lista de etcéteras que desconozco porque no soy especialista en el tema. Y no sería de extrañar que además de los de la Fuerza Armada, se utilizaran recursos de empresas del Estado –PDVSA, CADAFE y otras- y de Ministerios e Institutos del Estado. Y nada del costo de estos recursos se manifiesta en los precios de los productos de Mercal, y se anuncia con bombos y platillos que Mercal logró derrotar a los especuladores, que no son otros que la inmensa cantidad de trabajadores que no pueden hacer su trabajo, el de llevar los alimentos al mercado, porque ese trabajo lo está haciendo la Fuerza Armada y las demás organizaciones que dejan de hacer lo que tienen que hacer para dedicarse a la adquisición y distribución de alimentos.
Igual ocurre cuando se decide “rescatar” una empresa quebrada, a la que las fuerzas del mercado dejaron fuera porque otras producen mejor y a menor precio, y se las hace funcionar a juro, inyectándoles capital de trabajo y dejándolas en manos de gente sin conocimiento del negocio, o en el mejor de los casos sin capacidad para invertir. Se utilizan recursos del Estado y seguramente otros soldados para vigilar y otros generales para dirigir, como si los negocios fueran desfiles o guerras virtuales, para sacar adelante empresas inviables.
Y si la utilización de todos esos recursos no afecta el funcionamiento eficiente de las instituciones que colaboran para hacer realidad Mercal o para construir una carretera o producir bienes subsidiados o no competitivos, se puede afirmar sin duda que esos recursos no deberían estar asignados a esas instituciones. Los sueldos, salarios, prestaciones y demás beneficios que se pagan a toda esa gente deberían estar asignados a otros fines. Los costos en que se incurre para tener disponibles todos esos funcionarios y los equipos que se utilizan para poner en funcionamiento a Mercal o para construir la carretera o para hacer funcionar a juro esa empresa no competitiva, deberían ser asignados a salud, educación y seguridad, en lugar de convertirlos en fuente de desempleo e ineficiencia. Porque los recursos son escasos y distribuirlos con eficiencia es imprescindible. Cuestión de economía ortodoxa, desafortunadamente para algunos. Zapatero a sus zapatos, porque lo barato sale caro.
martes, mayo 03, 2005
La Ortodoxia Económica
El argumento de que los elevados precios del petróleo permiten financiar una real bonanza es falso en el mediano y largo plazo, e incluso en el corto plazo. Ningún trabajador necesita ser un genio de la economía para saber que el aumento del salario mínimo se convierte en sal y agua en menos tiempo del que se requiere para gastar el primer pago de ese salario, y que incluso los precios de los bienes y servicios que requiere aumentarán antes del 1º de mayo para compensar el incremento de costos que producirá el nuevo salario mínimo. Con los precios del petróleo ocurre lo mismo: los bienes y servicios reflejarán en muy corto tiempo los nuevos precios de la energía requerida para producirlos, por lo que el aumento del flujo de dólares que la subida de los precios del petróleo trae, se verá convertido igualmente en salmuera al aumentar los precios de los bienes y servicios que se compran con esos dólares.Pero el ser humano prefiere engañarse a si mismo antes que enfrentar la realidad. Todos los trabajadores que verán aumentado su pago semanal, quincenal o mensual por el ajuste del salario mínimo, sonreirán al tenerlo en sus manos y hasta irán a festejarlo con unos tragos o invitando a la familia al cine o a una feria de comida en un centro comercial, porque es deliciosa la ilusión de tener dinero en la cartera y pensar que no sólo hay como para comprar lo que hace falta sino hasta para darse un lujo, ilusión que desaparece antes del siguiente pago y que se renueva con cada vez menos fuerza en cada pago ulterior, hasta que se acepta la dura realidad de que antes del nuevo salario mínimo, los reales alcanzaban un poquito más. Cuestión de ortodoxia económica.
jueves, abril 21, 2005
Magnesia de magnesio
1) La manera más rápida de hacer fortuna es haciéndose de un buen cargo público, pues permite tener acceso rápido a enormes cantidades de dinero, sin los peligros de ejercer un oficio profesional, industrial o de servicios comerciales en el que, además de arriesgar el patrimonio propio, se corre el riesgo de que le cierren el negocio o de ir a la cárcel porque en la factura computarizada que se entregó al cliente que acaba de irse luego de comprar un lápiz o un Toronto, no se indicó el número del piso del apartamento donde vive, o porque su oficio es discriminatorio e incitador del odio, porque sus tarifas no permiten que todo el mundo tenga acceso al producto de su trabajo.
2) Un requisito indispensable para hacerse de un cargo público es no haber realizado estudios de un nivel superior a los del jefe inmediato superior, o demostrar menos conocimientos o conocimientos mucho más superficiales que tal jefe, o mejor aún, tener un título de una universidad bolivariana.
3) La manera más rápida para obtener un título que acredite conocimientos enciclopédicos de la rama a la que corresponde el nombre del título, es inscribirse en un combo de misiones que le conduzca desde el analfabetismo al grado universitario en cuestión de meses.
La precitada toma de conciencia de la población conduce indefectiblemente a la necesidad de expresar con mayor claridad los nombres de todo, para evitar confusiones. Así, el letrero de la foto indica que se trata de un gimnasio para hacer gimnasia, para que no vayan a creer los zagaletones del barrio que por fin les instalaron los aparatos multifuerza para ejercitar bíceps, tríceps, cuadriceps y abdominales.
Así, pronto veremos el letrero de un “Banco de Dinero”, para que no se confunda con un banco de plaza o un banco de los que no tienen dinero; “Arepera de arepas”, para que no se piense que se trata de una incitación del Presidente a arar peras, ya que los gallineros verticales y las rutas de la empanada no surtieron el efecto deseado; “Restaurante de comida”, para que no se crea que es un restaurante para que se reúnan políticos a conspirar o funcionarios públicos a administrar sus dineros públicos; “Oficina de cedulación para sacar cédulas”, para que no piense la ciudadanía que es una de esas oficinas para hacer colas, hacerse pintar un número en el antebrazo, criar várices y recibir un papelito con un número para buscar un número en la cola del día siguiente; “Gobernación del Estado para gobernar el Estado”, no vaya a ser que la gente crea que se trata de una de esas gobernaciones que brillan por su inoperancia; “Cementerio de muertos”, para no confundirlo con uno de esos cementerios llenos de vivos que comercian con los puestos como si fueran para buhoneros; “Paseo para pasear”, para evitar que la gente se vaya con los niños, cesta de picnic en mano y pelota inflada y lista para el juego entre el papá y los chamos, y se encuentre con tremendo mercado de buhoneros donde la pestilencia no da espacio para un respiro; “Playa de mar”, para que los turistas sepan que pueden ponerse los trajebaños, tomar sol y bañarse, en lugar de hacer excursiones entre escombros y lodos movedizos; o “Zoológico de animales”, para que no se crea que se está entrando en una obra de teatro representativa del gobierno nacional.
La Gobernación de Carabobo requiere de ideas para una mejor identificación y nomenclatura en todos los ámbitos. Favor enviarlas por correo electrónico, porque los empleados contratados para adelantar el proceso no se atreven a proponer ninguna, no vaya a ser que los confundan con tecnócratas de la cuarta república.
Simón Saturno
Escritor de escritos
domingo, abril 17, 2005
Verdades agrietadas
Me pregunto si esto de introducir grietas en esas verdades universales de las matemáticas, suficientemente lejanas como para que sólo pudieran ser descubiertas por un ser sin casi más nada que hacer que ponerse a escribir números inmensamente grandes, es una broma de mal gusto del Hacedor. ¿Qué hago? ¿Las publico o me callo, esperando que en un futuro tal vez no muy lejano (la informática nos deja cada día más tiempo ocioso) alguien más las descubra? ¿Y los derechos de autor?
Mis investigaciones, por ese gusto pendular que tengo por la poesía, me han llevado a descubrir con horror que cuando la longitud de los versos sobrepasa un número de sílabas superior a mil elevado a la mil, la rima es imposible. ¿Por qué el Creador hace estas cosas? ¿Acaso pensó que nadie jamás haría versos de tal longitud? ¿O acaso lo hizo como para dejar una prueba fehaciente de que Él no existe y es sólo ficción de un poeta de versos cortos? Sigo investigando, pero no sé si podré soportar tantas verdades agrietadas.
Paseo en autobús
El autobús que tomo parece pertenecer a un antiguo buhonero. Del borde superior del parabrisas cuelgan toallas pequeñas de colores fuertes, con personajes de tiras cómicas: Micky Mouse, una Chica Superpoderosa, el gato Garfield, Hello Kity, Mini Mouse, un personaje de Plaza Sésamo; sobre el borde de la ventana izquierda del conductor, en dos filas, una colección que imagino completa pero que seguramente no lo será, de tarjetas con los Pokemones; en el borde de la ventana contigua se ve que el conductor ha empezado a acumular una colección de tarjetas telefónicas, sostenidas por la goma del borde de la ventana. La música de salsa llena el ambiente. Difícilmente el conductor podrá escuchar si se le pide que se detenga en una parada. Este autobús de las cinco y media parece ser el que lleva de regreso a los trabajadores domésticos: mujeres de todas las edades, humildes (característica común de la gente de bajos ingresos); uno que otro obrero o jardinero, más humilde todavía. El autobús se va llenando. Dentro de poco iniciaré mi conflicto personal entre el caballero tradicional que cede la silla a una dama, sin importar su condición social o grado de humildad, y el feminista que trata de igual manera a hombres y mujeres y por lo tanto se queda sentado, a menos que la dama sea una viejita o venga cargada de un lactante.
Entra una chica, de unos diecisiete años, voluptuosa, anchas caderas, busto abundante pero no excesivo; camina como comiéndose al mundo con su top corto y su pantalón de talle muy bajo que deja ver su vientre suave, apenas cubierto por una delgada capa adiposa que sobresale ligeramente; su cabello largo, ondulado, cae sobre sus hombros en una cascada azabache brillante; sus labios carnosos son toda una provocación. Ya no hay asientos libres y queda poco espacio en los pasillos. Avanza en el pasillo hasta quedar justo a mi lado. Siento la intención de levantarme para cederle el puesto. No es ni viejita ni mujer con lactante, pero está como le da la gana. Mi movimiento para levantarme es paralizado por su amenazante ombligo, que parecía vigilar de cerca cada uno de mis movimientos. Con el rabo del ojo derecho puedo ver cómo se alejaba y acercaba con cada vaivén del autobús. A veces aquel ombligo de circularidad casi perfecta parecía querer besarme una ceja; otras veces, morderme una oreja. Mi ojo derecho empezó a entrecerrarse previendo el contacto súbito con aquel lugar geométrico de puntos equidistantes de un punto central. Una nueva parada, más trabajadores domésticos y el ombligo que se acerca.
El talle del pantalón no sólo era muy bajo, sino que con cada oscilación parecía descender algunas décimas de milímetro… ¿o era acaso mi imaginación enfebrecida por aquel ombligo? De pronto creí percibir con mi desorbitado ojo derecho un delgado remedo capilar de sortija que se asomaba tímidamente por el borde del pantalón. Una gota de sudor se formó en mi sien y el ombligo estuvo a punto de beberla. Me pareció sentir el perfume de lo que creo era el desodorante íntimo de la chica. Era un olor dulzón, como de durazno, madera, naranja amarga y jabón azul. La gota corrió por mi mejilla y fue a parar en la solapa de mi saco, formando un óvalo gris en la tela. Al otro lado del pasillo pude ver, durante el movimiento lateral del autobús al dar una curva pronunciada, mientras una mujer al lado de la chica anunciaba una nueva sesión de estripamiento, a un pasajero sentado, pelo canoso, tez y manos arrugadas que dejaban ver unos setenta años de trabajos físicos, angustiado de ver el nivel que a esas alturas del viaje alcanzaba el talle del pantalón de la chica, pero visto por detrás. Sus ojos mostraban el enrojecimiento producto del cansancio del día y del espectáculo de la chica, al que sólo podía imaginar, desde mi punto de vista. Los delgados remedos capilares de sortijas se hacían evidentes: dos, tres, cuatro. No eran fruto de mi imaginación.
Ya llegábamos a la estación de taxis de Prados del Este. Sería inútil gritar que me dejara en la siguiente parada, así que me levanté para tocar el timbre de aviso de parada. Mi hombro rozó el top de la chica. Desde mi ubicación no podía ver si se encendía alguna luz, y menos oír algún sonido que avisara al conductor de mi deseo de bajar. El autobús siguió sin parar, pero pude ver que tampoco había taxis en la estación, así que decidí bajar en la siguiente parada y esperar un taxi en la calle. La siguiente curva era hacia la derecha. Los pasajeros parados se inclinarían hacia la izquierda. El ombligo se acercaría a mi cara. El aroma dulzón entraría de nuevo en mis pulmones. El pantalón de talle bajo y los vellos ensortijados rozarían la piel de mi cara. La chica se inclinó para oprimir el timbre de parada y su vientre rozó mi cabeza. Fue un instante muy breve, pero suficiente para dejar una impresión que duró hasta después de terminada la clase. Llegué casi cuarenta y cinco minutos tarde. Los alumnos esperaban ansiosos los resultados del examen del lunes anterior. Estuve algo disperso en la clase, inseguro, como si no tuviera certeza de lo que decía. Cuando quise arreglar un cabello que se me vino a la cara, mi mano agitó una pizca remanente de aquel aroma dulzón… durazno, madera, naranja amarga y jabón azul, y di por terminada la clase.
¿Tendrás electricidad en el próximo minuto?
Desde mediados de la década de los noventa, la Oficina de Operación de los Sistemas Interconectados (OPSIS), encargada de coordinar la operación del sistema interconectado nacional, venía advirtiendo de la necesidad de realizar nuevas inversiones en generación de electricidad y en el reforzamiento del sistema de transmisión, y de la posibilidad de racionamientos importantes del suministro eléctrico durante los primeros años de la década en curso, si esas inversiones no se producían. Los años 2001, 2002 y 2003 fueron años de angustia para quienes conocen el estado del sistema eléctrico nacional, pues la sequía había hecho descender los niveles del embalse de Guri, suplidor de casi un 70% de la energía eléctrica requerida por el país, hasta niveles nunca antes alcanzados. Las plantas termoeléctricas de las empresas del Estado Venezolano se encontraban lejos de cumplir con su cuota de suministro para evitar que el nivel del embalse de Guri siguiera bajando. Pero la consigna del gobierno fue la de evitar los racionamientos a toda costa e incluso, la de omitir cualquier mención de esa posibilidad, con excepción de aquella breve y sosa campaña publicitaria de “O la apagas o se apaga” para incitar al ahorro de electricidad, a la que casi nadie hizo caso. Y la política gubernamental era y sigue siendo la de que las inversiones las hace sólo el Gobierno. El 10 de mayo de 2003 el nivel del embalse llegó a 244,55 metros sobre el nivel del mar, varios metros por debajo del nivel de emergencia y poco más de cuatro metros por encima del nivel de colapso, en el que habría que detener ocho unidades de la central hidroeléctrica de Guri y racionar obligatoriamente alrededor del 40% del suministro eléctrico de todo el país. Afortunadamente, una vez más papá Dios decidió dejar para otra ocasión la lección y mandó lluvia en cantidades abundantes, con lo que el peligro de déficit no existirá al menos hasta el 2007; a ello se suma como bendición la entrada en operación de la central hidroeléctrica de Caruachi, que ha podido completarse a tiempo y ser inaugurada por Chávez, gracias al financiamiento contratado con el Banco Interamericano de Desarrollo en 1992, durante el último gobierno de Carlos Andrés Pérez.
Durante estos últimos tres años, en los que la posibilidad de racionamiento era elevada, los industriales y comerciantes venezolanos hicieron compromisos de entrega de sus productos y mercancías; numerosos médicos realizaron intervenciones quirúrgicas o dejaron a sus pacientes, enfermos o recién nacidos, bajo la supervisión de equipos electrónicos de monitoreo; miles de personas utilizaron ascensores en sus edificios de residencia o de oficinas; millones de pasajeros utilizaron el Metro de Caracas para desplazarse de un lado al otro de la ciudad; cientos de operarios de máquinas de procesos continuos hicieron arrancar esos equipos; millones de kilos de productos perecederos fueron almacenados en depósitos refrigerados; decenas de barcos pesqueros izaron sus redes cargadas de pescados para llevarlos a la industria procesadora que les compraría la cosecha; millones de venezolanos guardaron en sus neveras los alimentos del día y de la semana; y como diría la publicidad de una tarjeta de crédito, cientos de hombres y mujeres pusieron sus esperanzas en una declaración de amor hecha bajo la tenue luz de una lámpara incandescente, en un restaurante, una discoteca o una plaza pública; todos ellos sin saber que en cualquier momento podrían ser víctimas de una falla del servicio eléctrico. De haberse producido el racionamiento en gran escala al que casi llegó el sistema eléctrico nacional en mayo pasado, la historia habría sido distinta: los industriales y comerciantes habrían incumplido sus compromisos y habrían tenido que soportar las consecuencias jurídicas, económicas y comerciales de ello; muchas intervenciones quirúrgicas habrían sufrido interrupciones fatales y muchos pacientes se habrían visto desprovistos del necesario monitoreo de sus funciones vitales; miles de personas habrían quedado atrapadas en ascensores o en los vagones del Metro; miles de millones de bolívares se habrían perdido por la interrupción de procesos continuos de producción; millones de kilos de alimentos y productos perecederos se habrían estropeado en depósitos refrigerados y en neveras en millones de hogares; decenas de barcos pesqueros habrían tenido que echar al mar su carga; y cientos de declaraciones de amor se habrían visto interrumpidas, algunas para bien, otras para mal.
De continuar la política de que sea sólo el Gobierno, haciendo exclusión de la iniciativa privada, quien busque y realice las soluciones a estos graves problemas, la situación volverá a repetirse tal vez dentro de un par de años. El Gobierno Venezolano no puede, por sí solo, afrontar las inversiones necesarias sin sacrificar significativamente los programas sociales, porque el dinero, al igual que la energía, no se crea de la nada y el que se usa para un propósito no puede utilizarse para otro. Tampoco podrá seguir siendo la empresa estatal petrolera, PDVSA, la que que contrate la instalación de nuevas plantas de generación, porque CADAFE no genera confianza como para contratar con ella, pues los recursos de PDVSA no son infinitos. Y cuando la urgencia del déficit de electricidad nos coloque en situación de negociación desventajosa y nos obligue a aceptar las exigencias de inversionistas deseosos de hacer negocios más que seguros, no nos quedará otra que preguntarnos ¿Y tú… con qué te vas a alumbrar en el próximo minuto?
La Regulación del Servicio Eléctrico en Venezuela
Por el contrario, las acciones (o la falta de acción) del Ejecutivo Nacional conducen a un deterioro cada vez mayor de la situación financiera de las empresas eléctricas públicas y privadas, y a profundizar la ingerencia del Ejecutivo Nacional en las actividades destinadas a la prestación del servicio eléctrico. La intención de dar carácter normativo al Plan de Desarrollo del Servicio Eléctrico limitarán aún más las posibilidades de inversión privada en el sector eléctrico, ya bastante disminuidas por la incertidumbre que produce la falta de reglas claras en el sector.
Todo parece indicar que Venezuela tendrá que recorrer el camino que muchos otros países han recorrido antes de realizar reformas profundas en sus sectores eléctricos para permitir la participación de la inversión privada: sufrir crisis de abastecimiento. Aunque incluso este camino en Venezuela no asegura tales reformas. Las decisiones recientes del Ejecutivo Nacional de rechazar las ofertas de comercializadores colombianos y generadores venezolanos privados, a la hora de producirse apagones en estados de Los Andes y del noroccidente, por considerar exagerados los precios (nunca más altos que US$ 90/MWh), evidencian que el costo de racionamiento que el Ejecutivo Nacional percibe, está por debajo de esos precios. Por lo visto, el único costo que el gobierno toma en cuenta a la hora de considerar la solución coyuntural de un déficit de electricidad es el costo político, y mientras las fallas del suministro eléctrico ocurran en poblaciones del interior de la República y puedan achacarse a las empresas y no al gobierno, ese costo político es despreciable.